A veces nos sentimos tan perdidos que percibimos que lo único que puede llegar a salvarnos es algo externo. Una buena noticia quizá.

La ansiedad se nos instala y tiene pensado quedarse a dormir.
Nuestra mente desesperada, anhela con urgencia la llegada de ese Oasis que nos resuelva la vida.
Pero nos olvidamos de algo.
Nos olvidamos de nosotros mismos.

Llegamos totalmente deshidratados al encuentro con el oasis.
Y proyectamos todo allí, en nuestra salvación.

Nuestra mente, más tranquila. Nuestra conciencia, lejos. Tan lejos que ni la vemos.

Te preguntaste alguna vez qué es lo que sentís… No lo que pensás. Lo que sentís.
No respondas ahora, date tiempo. ¿Estás perdido en el medio del desierto? Ok.
Tené tu cantimplora titilando en tu pecho. Respirá profundo y andá consciente.
Dosificá el agua de tu cantimplora que el Oasis va a llegar, y para cuando eso pase vos vas a seguir teniendo tu propia agua y no vas a depender de nada ni de nadie.
Es más, vas a poder disfrutar del hallazgo, de la buena noticia.

Así que si aparece, estupendo. Y si no, seguí en movimiento que
ya a va llegar, pero con una diferencia, no hay urgencia… vos ya estás salvado.