Caminaba plácidamente por el Boulevard de Charcas en Palermo cuando a una mujer que llevaba a su perro sin correa empezó a susurrar:- Lorenzo vení para acá

Lorenzo, lejos de hacerle caso, comenzó a alejarse cada vez más y la mujer comenzó a desesperarse. Y yo, amante de los animales y en bermuda y ojotas, no tuve mejor idea que preguntarle:

-¿querés que lo agarre?

-Y ¿Cómo vas a hacer? ¿A ver? me replico agresivamente en forma de pregunta.

En ese momento se me presentaron dos opciones: salir detrás de Lorenzo o salir detrás de Lorenzo. Así fue como el pichicho comenzó a correr cada vez más y yo también. Lorenzo era rapidísimo y me sacó como 30 metros. 

Mientras yo iba gritando que alguien por favor lo agarrase, algunos me miraban como si fuera un mal dueño, y yo intentaba explicar que no era mío sino que lo estaba corriendo de onda. Vi agacharse a 3 encargados de edificio y 2 policías en intentos fallidos por detenerlo. De repente todo se fue al carajo: se venía la avenida Coronel Díaz y los perros son daltónicos, por lo que Lorenzo no iba a saber cuando cruzar. Ya con una ojota menos y totalmente agitado, por mi cabeza empezó a circular una pregunta fundamental: ¿y si  lo pisan de quién es la culpa? Posiblemente mía.

¿Quién carajo me mandó a correrlo? Posiblemente mi amor por los animales. Perdí de vista a Lorenzo y los autos y los autos circulaban con normalidad por lo que supuse que Lorenzo estaba bien. Al cruzar Coronel Díaz una señora me advirtió que el perro había doblado a la derecha y fuí tras esa pista. De golpe chica que me dijo: mi hermano te escuchó gritar y salío a correrlo.

Instantes después el chico vino con Lorenzo en brazos y nos alegramos. A los 5 minutos apareció la dueña y le dio un abrazo y un gran agradecimiento:- Me salvaste la vida.

Que equivocada estaba. La vida en todo caso se la habíamos salvado al perro. Y yo no parecía tener muchos créditos. ¡Qué injusto! El muchacho había corrido una cuadra y yo 10. El héroe era él. Me di media vuelta y me fui. Ahí es cuando comprendí que a veces no hay que esperar nada a cambio. Yo tenia la conciencia tranquila, una ojota menos y las palpitaciones a mil.